sábado, 3 de septiembre de 2011

La gran miseria humana


Una noche de misterio

estando el mundo dormido

buscando un amor perdido
pase por el cementerio.

En el azul hemisferio
la luna su luz ponía
y en la gran muralla fría
de la metrópoli Santa
donde a los muertos canta
el búho su triste alegría.

La luna sus limpideses
a las tumbas ofrecía
y pulsaba el aura hombría
el arpa de los cipreses
y en aquellas lobregueces
de mi corazón hermana me inspiraron
y con ganas de interrogar la parca
entre a la glaciar comarca
de la gran miseria humana.

Acompañado del cierzo a los difuntos visité
y en cada tumba deje una lágrima y un verso
estaba ahí de perverso entre seres no ofensivos
pues fui a visitar a los cautivos en sus sepulcros desiertos
pues no fui a buscar a los muertos
por tener miedo a los vivos.

La noche estaba muy bella y el aire muy sonoro
y una dalia de oro semejaba cada estrella
que la brisa sin querella por ser voluble y ser vana
en aquella mansión arcana corría llena de embelesos
poniendo sus frescos besos en la gran miseria humana.

La luna seguía brillado en el azul de los cielos
y las nubes con sus velos sin miedo la iban tapando
y en procesión pasando iba
y la brisa inquieta semejaba en el alud
emperlaba con su luz Diana la novia del poeta.
Responde humana calavera
Tu eres el cráneo de aquella
que en mi vida sin querella
me despreció con desdén
despréciame ahora también eclipsa otra vez mi estrella.

¿Qué se hizo la carne aquella
que te dio hermosura bella
cual lirio de primavera?

Qué se hizo tu cabellera
tan frágil y liviana dorada
cual la mañana
de la aurora al nacimiento
que se hizo tu pensamiento
responde miseria humana.

A mis interrogaciones el cráneo blanco callaba
mientras la luna alumbraba
sarcófagos y panteones
y dije sin aflicciones
¿Qué se hicieron tus labios
calavera sin resabios ?

Por que te encuentras ñata
si era larga tu nariz
donde esta la masa gris
de tu cerebro pensante
donde tu bello semblante
y tu mejilla rosada que a besos en noche helada
quiso comerse un amante.

Yo soy el cráneo de aquella
a la cual un día le contaste poemas que no merecía
porque no era así tan bella como la primera estrella de oriente
o de tulipán a quien las auroras dan
el rocío que se desalme
aquí el que de mi se ríe
de el mañana se reirán
yo escuchando aquella cosa
y lleno de horrible espanto
salí de aquel campo santo
como veloz mariposa.

La luna pura y radiosa
vertía su lúgubre fugas y la calavera audaz
dijo al mirarme correr aquí volverás y calavera serás
ante razón tan sentida
sentí por el cuerpo mío
un horrible escalofrío
y casi perdiendo la vida
entre a mi celda cristiana
pensando que mañana
por fin que es ley divina de la parca
he de habitar en la comarca
de la gran miseria humana.


No hay comentarios:

Publicar un comentario